Desde que Apple lanzara sus primeros auriculares inalámbricos, allá por 2016, nada ha vuelto a ser igual. Y no es broma: unos auriculares con o sin cable cambian la cotidianeidad de aquel que acostumbra a llevarlos puestos todo el día. Quizás porque está escuchando música, un podcast, o tal vez porque le gusta el aislamiento del ruido que proporcionan. Pero, ¿de verdad los auriculares inalámbricos son tan cómodos frente a los de cable?
Apple creó una necesidad. Lo inalámbrico era entonces el futuro: deshazte del cable que se te engancha a la ropa, a los pomos de las puertas, el cable que en un descuido tira el móvil al suelo. Y ciertamente, tiene sus ventajas. Ahora bien, a juicio individual de la persona que está escribiendo estas líneas, el hecho de que sean pequeñas piezas separadas provoca que se caigan y se pierdan más de lo que debería. Por la cama, entre los papeles, por los bolsillos…
Ademas, ahora tengo que cargar un dispositivo más. El móvil, el reloj inteligente, el ¿anillo? inteligente, el libro electrónico… siempre algo está enchufado a la corriente. ¿Haremos corto de enchufes en casa? ¿O de adaptadores de corriente? ¿O de cables USB-C? Para más inri, ¿qué son esos precios? Por la mitad del importe de unos Airpods puedes conseguir unos auriculares con cable de muy buena calidad.
Indiferente a las ventajas o a las desventajas, las estaciones pasaron y las entradas mini-jack fueron desapareciendo de los smartphones. Pero, ¿qué hay de la nostalgia? Gracias a ella los auriculares con cable están volviendo, al menos entre algún que otro nicho. Robert Pattison, que odia los inalámbricos, ha dicho que está dispuesto a ser la imagen publicitaria de cualquier marca que esté dispuesta a relanzar los de cable en el mercado.
Dejando de lado los argumentos de los audiófilos sobre la mala calidad del sonido transmitido por Bluetooth -porque es inapreciable en el uso cotidiano-, los auriculares con cable son una declaración de intenciones. Imagínate: sales del trabajo, te subes al metro y, de camino a casa, conectas tus auriculares con cable (preferiblemente blancos) al teléfono. Tu música favorita empieza a sonar. Las luces parpadeantes reflejan en tu cara; los pasajeros a tu alrededor se preguntan qué estarás escuchando. Es tu momento, es tu ‘performance’.






