Amor, amor, amor; tan bonito pero tan complejo. ¿Dónde está el sentido de poner un árbol de Navidad sólo, o de despedir el año sin compañía? Cuando Harry encontró a Sally se odiaron, diez años después fueron el mejor amigo que uno puede tener, y eso fue suficiente durante un tiempo.
La comedia romántica de Rob Reiner es una reconciliación con las amistades platónicas, con las ciudades que nos asfixian en el día a día y con los buenos pequeños momentos.
Cuando la película terminó quería coger el teléfono y llamar a ese amigo del que no sé nada hace semanas. Contarle sobre las deportivas que me he comprado y recomendarle un disco que sé que nunca escuchará y me dará igual: me servirá para lanzar un par de bromas irónicas las próximas veces. ¿Por qué tenemos que hacer todo tan complejo? ¿Busco sólo un premio de consolación desesperado?, como dice Sally a Harry. Mejor… le escribiré un WhatsApp.
Una amiga de Sally tiene una especie de caja-tarjetero con los datos de contacto de posibles pretendientes amorosos. Ver eso en 2025 fue acogedor: un móvil e Instagram hubieran sido la herramienta actual, pero espoilean la fantasía y el misterio demasiado pronto. ¿No era mejor a la vieja usanza?
Cuando Harry encontró a Sally todo iba más despacio… y quizás por eso ahora la película resuena tanto con nosotros. Las cosas necesitan tiempo, y eso incluye nuestras relaciones, nuestra vida. Caminamos rápido, el trabajo nos encadena, saltamos de concierto en concierto, devoramos series, visitamos las esquinas menos pensadas del mundo. Lo queremos todo. Pero entre tanto ruido nos cuesta encontrar gente con la que hablar de nada, y que eso lo sea todo.






