Poco se habla ya de la música de Katy Perry. El público apenas presta interés a sus nuevas canciones y la prensa especializada la ha abandonado como si fuera una proscrita. Mientras compañeras de sus inicios como Lady Gaga o Taylor Swift actuán en la Superbowl, ganan Grammys o venden millones de discos, a Perry poco se la ve en el panorama musical. Injusto o no -daría para otra conversación-, hoy recordamos de cuando se atrevió.
Se cumplen nueve años de ‘Chained to the Rythm’, la canción más política de Katy. Fue el primer single de su cuarto trabajo discográfico, Witness; e iba a por todas.
La artista estuvo profundamente implicada en la campaña electoral de Estados Unidos de 2016, apoyando a Hilary Clinton frente a Donald Trump, que acabó ganando las elecciones.
Fruto del cabreo y de ver el irremediable bandazo hacia la extrema derecha que estaba efectuando su país, Perry dio un volantazo a su carrera con ‘Chained to the Rythm’. La canción, un tema disco pop producido por Max Martin, reflexiona sobre la burbuja en la que vive la sociedad americana y cómo mira hacia otro lado ante las injusticias contra la minoría.
El espectacular videoclip acentuaba todavía más el significado de la canción. El parque de atracciones Oblivia era una representación de Estados Unidos. La adicción a las redes sociales, la especulación de la vivienda, las políticas anti migratorias y el sexismo eran la base fundacional de un lugar colorido, disfrazado de una utopía, donde todos creían ser felices. Todos estaban «encadenados al ritmo», y todo lo que cuenta sigue estando incluso más vigente en la actualidad.
Atreverse tuvo sus pequeñas desventajas. ‘Chained to the Rythm’ fue el primer lead single de Katy Perry que no alcanzó el número 1 en las listas de Estados Unidos; y aunque funcionó relativamente bien durante unos meses, no tuvo el aplastante éxito de canciones anteriores como ‘Dark Horse’, ‘Roar’ o ‘Firework’.
Hoy en día el tema es una pequeña joya en la discografía de la artista. Lo que siguió a la campaña promocional de Witness fue una mezcla de autosabotaje, sobreexposición mediática y muy poco tacto por parte de la prensa. Fue una época muy difícil para Katy Perry, tanto en lo profesional como en lo personal. Quien se lo hubiera dicho un par de meses atrás, cuando estaba preparada para comerse el mundo. De todos modos, debería estar orgullosa de esta canción.






