La primera vez que le dimos al play y la canción empezó a sonar todo parecía bajo control. La Lorde de peculiar timbre y tonos casi siniestros estaba ahí, acompañada por un piano en la primera estrofa. Nada más, su habitual minimalisma. Entonces, llegó el pre-estribillo y su carrera cambió para siempre.
Un cambio de tono, un bombo sumergido y una pegadiza secuencia de acordes de piano. En cuestión de segundos la atmósfera de la canción había cambiado por completo. La canción se volvió más ligera, más luminosa, era una Lorde distinta.
Entonces entró el estribillo. La canción explotó de una manera que nadie habría esperado de la autora de ‘Royals’ o ‘Tennis Court’. El videoclip capturaba a la perfección esa enegía: Lorde, con un icónico vestido morado, asomándose por la ventana de un coche para sentir el aire en la cara, contemplando una ciudad de noche iluminada por las luces de neón.
‘Green Light’ podría ser una canción confeccionada para una película coming of age -una sensación nada rara en las producciones de Jack Antonoff-. De hecho, una imagen similar a la del videoclip tiene lugar en la película Las ventajas de ser un marginado (2012), cuando el personaje de Emma Watson hace algo muy parecido a lo que Lorde recrearía cinco años después, aunque entonces sonaba ‘Heroes’ de David Bowie. No es casualidad: Lorde ha citado a Bowie como una de sus grandes influencias, y las similitudes entre las memorables guitarras eléctricas de ‘Heroes’ y las del post estribillo final de ‘Green Light’ están ahí.
Ambas escenas -la del videoclip de ‘Green Light’ y la de Emma Watson en Las ventajas…– representan el espíritu ingenuo y arrollador de la juventud, esas ganas de comerse el mundo. Una energía que impulsó a la Lorde de 21 años que, primero con el lanzamiento de ‘Green Light’ y después con Melodrama, creó una de los mejores discos de la historia de la música pop. Un álbum que ha marcado a toda una generación de nuevos artistas, y no tan nuevos -Billie Eilish, Olivia Rodrigo, Conan Gray, Troye Sivan, Taylor Swift…-, y cuya huella en la industria es innegable.






