Whatever’s Clever!, el cuarto álbum de estudio de Charlie Puth, podría ser la banda sonora de una sitcom de los 90. A medio camino entre el pop retro y la balada R&B, construye un proyecto compacto que, por suerte, acaba cuando empieza a ponerse aburrido.

A nadie le sorprenderá descubrir que las mejores canciones del disco son las que adelantó antes del lanzamiento. Esta vez a Charlie no le acompaña un éxito comercial, así no que tenía más opción que poner toda la carne en el asador. De este modo, Whatever’s Clever abre con la excelente ‘Changes’, un pop ochentero que bien podría haber formado parte del catálogo de Phil Collins en sus años de apogeo, para después pasar a la divertida ‘Beat Yourself Up’ -la canción más Charlie Puth del LP-, y seguir con la nostálgicamente noventera ‘Cry’. Irresistible no darle al repeat con esos arreglos de saxofón de Kenny G. Una pista más adelante, de nuevo los vientos hacen de ‘Washed Up’ una canción acogedora.

Acogedor. Es la palabra que definiría el disco. Puth dice que esta es la ocasión en que su nueva música acompaña mejor su momento vital: acaba de ser padre por primera vez, un hecho que entronca con la atmósfera cómoda y casera del proyecto. Poca pomposidad hay en Whatever’s Clever!

Tras ‘Washed Up’ finaliza la remarcable secuencia de las cuatro primeras canciones del proyecto, las más destables. No obstante, hay más buenos momentos: el city pop de ‘Home’ con Hikaru Utada, las preciosas melodías de la balada R&B ‘Sideways’ con Coco Jones, y el soft-rock cursi de ‘Until It Happens To You’. También cabe un paréntesis para la anécdota en ‘Don’t Meet Your Heroes’, en la que Charlie confiesa arrepentirse de haber conocido a sus ídolos, porque le han decepcionado. El momento más flojo del LP llega con el último tema, ‘I Used To Be Cringe’, una balada acústica en la que se avergüenza de su pasado «pavo» y que hubiera funcionado mejor como una canción upbeat. Tal y como la presenta, fuerza la autocompasión hasta el hastío, pero afortunadamente -como he escrito al comienzo- el disco acaba cuando empieza a ponerse aburrido.

Cuando se trata de su música, Charlie Puth lo hace casi todo: escribe, compone, arregla y produce, esta vez con el apoyo principal de Bloodpop. Desde su novato debut Nine Track Mind, que lanzó con 25 años y en el que parecía más interesado por el hit que por contar algo, el artista ha tenido una satisfactoria evolución. Su anterior proyecto, el homónimo, se vio truncado por una cuestionable producción vocal. Esta vez corrige esos errores y, frente a sus compañeros del pop -Bruno Mars, Harry Styles- que también acaban de lanzar disco, y gustan de promocionarlo como la segunda venida de Cristo, aquí la nula pretenciosidad ha jugado a su favor.

Puntuación: 3.5 de 5.
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Charlie Puth: Whatever’s Clever!

Como una sitcom de los 90.

Whatever’s Clever!, el cuarto álbum de estudio de Charlie Puth, podría ser la banda sonora de una sitcom de los 90. A medio camino entre el pop retro y la balada R&B, construye un proyecto compacto que, por suerte, acaba cuando empieza a ponerse aburrido.

A nadie le sorprenderá descubrir que las mejores canciones del disco son las que adelantó antes del lanzamiento. Esta vez a Charlie no le acompaña un éxito comercial, así no que tenía más opción que poner toda la carne en el asador. De este modo, Whatever’s Clever abre con la excelente ‘Changes’, un pop ochentero que bien podría haber formado parte del catálogo de Phil Collins en sus años de apogeo, para después pasar a la divertida ‘Beat Yourself Up’ -la canción más Charlie Puth del LP-, y seguir con la nostálgicamente noventera ‘Cry’. Irresistible no darle al repeat con esos arreglos de saxofón de Kenny G. Una pista más adelante, de nuevo los vientos hacen de ‘Washed Up’ una canción acogedora.

Acogedor. Es la palabra que definiría el disco. Puth dice que esta es la ocasión en que su nueva música acompaña mejor su momento vital: acaba de ser padre por primera vez, un hecho que entronca con la atmósfera cómoda y casera del proyecto. Poca pomposidad hay en Whatever’s Clever!

Tras ‘Washed Up’ finaliza la remarcable secuencia de las cuatro primeras canciones del proyecto, las más destables. No obstante, hay más buenos momentos: el city pop de ‘Home’ con Hikaru Utada, las preciosas melodías de la balada R&B ‘Sideways’ con Coco Jones, y el soft-rock cursi de ‘Until It Happens To You’. También cabe un paréntesis para la anécdota en ‘Don’t Meet Your Heroes’, en la que Charlie confiesa arrepentirse de haber conocido a sus ídolos, porque le han decepcionado. El momento más flojo del LP llega con el último tema, ‘I Used To Be Cringe’, una balada acústica en la que se avergüenza de su pasado «pavo» y que hubiera funcionado mejor como una canción upbeat. Tal y como la presenta, fuerza la autocompasión hasta el hastío, pero afortunadamente -como he escrito al comienzo- el disco acaba cuando empieza a ponerse aburrido.

Cuando se trata de su música, Charlie Puth lo hace casi todo: escribe, compone, arregla y produce, esta vez con el apoyo principal de Bloodpop. Desde su novato debut Nine Track Mind, que lanzó con 25 años y en el que parecía más interesado por el hit que por contar algo, el artista ha tenido una satisfactoria evolución. Su anterior proyecto, el homónimo, se vio truncado por una cuestionable producción vocal. Esta vez corrige esos errores y, frente a sus compañeros del pop -Bruno Mars, Harry Styles- que también acaban de lanzar disco, y gustan de promocionarlo como la segunda venida de Cristo, aquí la nula pretenciosidad ha jugado a su favor.

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