Loreen nunca ha querido ser una artista mainstream. Aun así, apunta y acude al público y a los lugares más mainstream. Ha intentando representar a su país en Eurovision en cuatro ocasiones, consiguiéndolo dos. Su disco Wildfire es la muestra de este comportamiento: poco se salva en un proyecto que podría ser la lista de canciones de una edición del Melodifestivalen, la preselección sueca de Eurovision.
Paradójicamente, abre el disco con una tema en el que se pegunta «a dónde nos dirigimos a partir de aquí» (‘Where Do We Go From Here’). La respuesta que viene después es poco satisfactoria: cortes que -aun con muchas dudas- podrían haber funcionado como un sucesor a su álbum debut, Heal (2012), pero dos o tres años después, no en 2026. Es el caso de ‘Feels Like Haven’, ‘Can’t Pull Me Down’, ‘Melt’, ‘Weapons’, ‘Kiss The Sky’ o ‘Set me Free’, eurodance tosco de catálogo que, si bien no resta, tampoco suma. Una artista con la personalidad de Loreen debería aspirar a más.
Más interesante se pone en los temas ‘Wildfire’, ‘True Love’ y ‘Coming Close’, donde afortunadamente se atisba algo del carácter de Loreen y una intención por contar algo a través del sonido; especial atención al trance de ‘Coming Close’. Aun así, nada puede con ‘Tattoo’, que con su pastiche de ‘Flying Free’ de Pont Aeri y ‘Frozen’ de Madonna destaca sobre el resto, lo que plantea si incluir el tema -con el que ganó Eurovisión en 2023- le hace un favor al álbum o simplemente lo desluce. Resulta casi imposible no entrar en bucle con ‘Tattoo’, igual que ocurrió con ‘Euphoria’ en 2011.
Wildfire es el primer disco de Loreen en ocho años, y la espera en este caso no está justificada. Si lo que depara a su futuro musical es un eurodance anticuado e impersonal, mejor volver a las locuras abstractas y al soft-rock que perfiló con buen muy gusto en Ride en 2018. Las regalías de ‘Euphoria’ y ‘Tatto’ tienen que ser grandes, así que Loreen: si no quieres ser mainstream, no lo seas.











